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Si alguien nos hubiera dicho antes de viajar que en una sola isla de 50 kilómetros de diámetro podíamos pasar de un mar de dunas a un bosque de montaña en apenas media hora, probablemente no nos lo habríamos creído. Como a casi todo el mundo, cuando nos hablaban de Gran Canaria se nos venía a la cabeza el típico viaje de sol y playa.
Pero tras cuatro días recorriéndola de punta a punta con Turismo de Gran Canaria, la sensación con la que nos volvemos es muy diferente: la isla es un auténtico «continente en miniatura».
Subir al interior de la isla fue el primer gran impacto del viaje. La vegetación cambia por completo a medida que avanzas hacia el norte y las curvas se compensan con unos paisajes increíbles.
Una de las cosas que más nos sorprendió fue descubrir que aquí existe un tramo oficial del Camino de Santiago. Es una ruta que cruza la isla de sur a norte, desde Tunte hasta Gáldar: hacer el camino entre esos paisajes por esa ruta tiene que ser algo muy especial.
En cuanto a sus pueblos, Tejeda fue sin lugar a dudas nuestro favorito: sus casas blancas con sus característicos balcones de madera y los tejados de teja encajados entre montañas explican perfectamente por qué está considerado uno de los pueblos más bonitos de España (si pasáis por allí, la parada en la Dulcería Nublo para probar sus dulces de almendra es obligatoria).
Muy cerca visitamos también Tunte, donde nos llamó muchísimo la atención que las familias tengan puestos su nombre en las fachadas.
Arucas tampoco se queda atrás. Destaca por su gigantesca Iglesia de San Juan Bautista, que impresiona nada más verla. Una joya de estilo neogótico que fue esculpida a mano.
Para cerrar la ruta de pueblos, Puerto de Mogán nos pareció un pueblo marinero con mucho encanto: sus canales y sus casitas llenas de flores hacen que entiendas al momento por qué la llaman la Pequeña Venecia.
Iglesia de San Juan Bautista en Arucas
Tejeda
Moverse por la isla es un espectáculo continuo para la vista. Hicimos parada en el Mirador de la Degollada de las Yeguas para observar el paisaje árido del sur. Y también, justo antes de entrar a Tejeda, está el Mirador de la Cesta. Tiene una estructura metálica gigante en forma de cesta que enmarca directamente el Roque Bentayga, un sitio ideal para una foto.
Visitamos también las Dunas de Maspalomas. Un lugar que no esperas encontrarte ahí y que te traslada directamente al desierto. Eso sí, se trata de una Reserva Natural Especial protegida, por lo que está prohibido adentrarse libremente o andar por encima de las dunas. Hay que ser muy respetuosos y la visita debe hacerse siempre desde el mirador y sin salirse de los espacios señalizados.
Mirador de la Cruz de Tejeda
Dunas de Maspalomas
Para los que necesitamos meterle un poco de acción al viaje, Gran Canaria ofrece planes brutales.
En la costa de Puerto Rico probamos el parasailing, y volar en pareja a unos 200 metros sobre el océano disfrutando del litoral desde las alturas fue una sensación de libertad increíble.
Pero si nos tenemos que quedar con una experiencia marina, fue la inmersión de buceo en Sardina del Norte. Bajamos a unos 7 metros de profundidad en aguas cristalinas y tuvimos la gran suerte de ver de cerca al tiburón angelote, una especie protegida súper característica de los fondos canarios.
Para bajar pulsaciones después de tanta adrenalina, nada como terminar la tarde en las aguas turquesas y tranquilas de la Playa de Amadores.
La gastronomía fue el otro gran descubrimiento del viaje. Probamos el clásico chorizo de Teror untado en pan y el almogrote. También visitamos la Destilería de Arehucas, una de las bodegas de ron más antigua de Europa, donde la cata final de ron miel puso el listón muy alto. También nos adentramos en la Finca La Rekompensa para conocer todo sobre el cultivo del plátano canario entre miles de plataneras.
Destilería de Ron en Arehucas
Finca La Rekompensa
Sin embargo, dos paradas gastronómicas nos parecieron especialmente memorables: por un lado, la Finca La Laja en el Valle de Agaete, una propiedad centenaria atendida por cinco generaciones donde producen su propio vino y cultivan café artesanal, ya que este Valle es el único sitio en Europa donde la planta del café puede crecer de forma natural debido a las condiciones climáticas. Por otro lado, la noche en Sala Scala viendo el espectáculo NOMAD, un dinner show multicultural con acróbatas y bailarines que rinde un homenaje precioso al mestizaje canario mientras cenas.
Finca La Laja
Menú Sala Scala
Volver de Gran Canaria con la sensación de haber realizado cuatro viajes en uno es la mejor prueba de la riqueza que alberga esta isla. Es un destino versátil, accesible y con una oferta tan diversa que se adapta a cualquier tipo de viajero. Si algo nos ha quedado claro tras estos cuatro días es que el cliché de sol y playa se queda muy corto ante la realidad de este continente en miniatura.
Un viaje imprescindible que demuestra que no hace falta irse lejos para vivir una experiencia inolvidable sin salir de España.